31 Ago Alergólogo en Barcelona: las alergias de final de verano que se confunden con un resfriado
Cuando termina agosto y empiezan las primeras rutinas de septiembre, muchas personas aparecen en la consulta con la misma frase: «he cogido frío con el aire acondicionado». Estornudos, congestión, goteo nasal, picor de ojos, tos seca por la noche. La conclusión habitual es que se trata de un resfriado de verano que no acaba de irse. Sin embargo, como alergólogo en Barcelona, en PB alergias vemos cada año que una parte importante de esos cuadros no son víricos, sino alérgicos: alérgenos que alcanzan su máxima concentración justo al final del verano y que pasan desapercibidos porque nadie los asocia con esta época del año.
Por qué el final del verano concentra tantos síntomas respiratorios
Existe la idea muy extendida de que la alergia respiratoria es un asunto de primavera. Es cierto que los meses de marzo a junio concentran el mayor número de consultas, pero las alergias ambientales no siguen un único calendario. En el clima mediterráneo, con temperaturas suaves durante buena parte del año y una humedad ambiental elevada, hay alérgenos activos en prácticamente todos los meses del calendario. El final del verano reúne además varias circunstancias que coinciden en el tiempo: la humedad se mantiene alta, aparecen las primeras lluvias y tormentas, se reabren viviendas y segundas residencias que llevaban semanas cerradas, y se reanuda la vida en interiores tras las vacaciones.
A esto se suma un factor que confunde todavía más el diagnóstico. El final del verano y el regreso a colegios y oficinas coinciden con un repunte real de infecciones respiratorias víricas leves. Es decir, en las mismas semanas conviven resfriados auténticos y reagudizaciones alérgicas, con síntomas que a simple vista se parecen mucho. De ahí que tantos cuadros alérgicos se cronifiquen durante meses bajo la etiqueta equivocada.
Qué alérgenos se activan cuando el verano termina
Hongos ambientales
Los hongos del ambiente, especialmente los géneros Alternaria y Cladosporium, son probablemente el alérgeno peor identificado de esta época. Sus esporas se dispersan por el aire y alcanzan concentraciones elevadas en condiciones de calor y humedad, sobre todo tras las lluvias de final de verano y en presencia de vegetación en descomposición, césped recién cortado u hojarasca. También proliferan en interiores húmedos: baños con mala ventilación, cocinas, sótanos, trasteros o zonas con filtraciones. La sensibilización a hongos merece especial atención porque se ha asociado a formas de asma más difíciles de controlar, de modo que identificarla tiene consecuencias prácticas en el tratamiento.
Ácaros del polvo doméstico
El ácaro no es un alérgeno de invierno, aunque muchas personas lo crean. Su población depende directamente de la temperatura y de la humedad relativa, y en una ciudad costera como Barcelona ambas se mantienen en niveles favorables durante buena parte del verano. El resultado es que a finales de agosto y en septiembre la carga de ácaros en colchones, almohadas, sofás y textiles puede ser considerable. Si además se vuelve a una vivienda cerrada durante semanas, o se sacan del armario ropa de cama y prendas guardadas, la exposición se concentra de golpe. Es un patrón muy reconocible: síntomas que empiezan justo al volver de vacaciones y que empeoran por la noche o al levantarse.
Pólenes de final de verano
Aunque la primavera concentra los grandes picos polínicos, hay especies que polinizan en pleno verano y a comienzos del otoño. En el litoral mediterráneo, la parietaria mantiene presencia durante gran parte del año, con repuntes que no se limitan a los meses de primavera, y otras plantas herbáceas como las quenopodiáceas o la artemisia tienen su período de polinización en los meses finales del verano. Para una persona sensibilizada a estos pólenes, los síntomas aparecen precisamente cuando ya nadie habla de alergias.
El aire acondicionado no es la causa, pero sí un amplificador
Conviene aclarar un punto que genera muchas dudas en consulta. El aire acondicionado no provoca alergia por sí mismo. Lo que sí puede hacer es dos cosas. La primera, resecar las mucosas nasales y provocar irritación con los cambios bruscos de temperatura, generando síntomas que no son alérgicos pero que se le parecen. La segunda, y más relevante, es actuar como difusor: un equipo con los filtros sucios o sin mantenimiento acumula polvo, ácaros y esporas de hongos, y los distribuye por toda la estancia cada vez que se pone en marcha. Por eso muchas personas sitúan el inicio de sus síntomas en el momento en que encendieron el aparato. La revisión y limpieza periódica de los filtros es una medida sencilla con un impacto real.
Cómo distinguir un resfriado de una reacción alérgica
Hay señales que orientan bastante bien, aunque ninguna sustituye a un estudio alergológico. El resfriado suele acompañarse de malestar general, a veces febrícula o dolores musculares, la secreción nasal se vuelve más espesa y coloreada a los pocos días, y el cuadro completo se resuelve en torno a una o dos semanas. Con frecuencia, además, hay alguien más contagiado en casa o en el trabajo.
La reacción alérgica tiene otra firma. Aparece picor, y ese es probablemente el dato más discriminativo: picor de nariz, de ojos, de paladar o de garganta. Los estornudos llegan en salvas, la secreción es acuosa y transparente, y no hay fiebre ni malestar general. Los síntomas se repiten durante semanas, muestran un patrón vinculado al lugar o al momento del día, y mejoran de forma clara con un antihistamínico. Si un supuesto resfriado dura más de dos semanas, si reaparece todos los años en las mismas fechas o si se acompaña de tos nocturna, opresión en el pecho o pitidos al respirar, deja de ser razonable seguir atribuyéndolo a un virus. En ese punto conviene descartar también un componente asmático, una relación que ya explicamos en detalle en nuestro artículo sobre las diferencias entre alergia y asma.
Por qué no conviene dejarlo pasar
Etiquetar una alergia como un catarro persistente tiene un coste. Se prolonga la exposición al alérgeno sin ninguna medida de control, se recurre a tratamientos sintomáticos sin diagnóstico y, en los casos con afectación bronquial, se retrasa el manejo de un asma que podría estar mal controlada precisamente en las semanas de mayor riesgo. Este verano ya dedicamos un artículo a otro cuadro estival que también se confunde con frecuencia, el de las irritaciones cutáneas tras la piscina, y el patrón de fondo es el mismo: sin un diagnóstico preciso es imposible saber a qué se está reaccionando.
El estudio alergológico no es complicado. Una historia clínica bien tomada, orientada a cuándo aparecen los síntomas, dónde y en qué circunstancias, junto con las pruebas de alergia adecuadas a cada caso, permite identificar el alérgeno responsable y establecer un plan de tratamiento personalizado. En PB Alergias, en Rambla Catalunya 120, abordamos la alergia respiratoria con este enfoque en pacientes adultos y pediátricos.
Si llevas semanas con un resfriado que no termina de marcharse, o si cada año por estas fechas te ocurre lo mismo, quizá no sea un virus. Nuestro alergólogo en Barcelona puede ayudarte a averiguarlo antes de que el otoño lo complique.